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jueves, 24 de abril de 2014

LA ESCLAVITUD EN SUMERIA

Ya iba siendo hora de tratar este tema, pues me han hecho muchas preguntas sobre el personaje de Akkilu. Para empezar, hay que señalar que la esclavitud entre los dos ríos no se parecía a lo que estamos acostumbrados a ver en películas.  Los esclavos eran la parte más baja de la sociedad sumeria, la más insignificante, y por tanto, eran despreciados. Ahora bien. Tenían algún que otro "derecho".

Mercado de esclavos en Sumeria. Un hombre
adulto solía costar "más que un burro, pero menos que
un carro."
Una persona podía llegar a la condición de esclavo de dos formas:  o bien por ser hecho prisionero en una guerra, lo que resultaba  arriesgado, pues como dije en otro artículo, los sumerios preferían matar a los prisioneros, o bien vendiéndose uno mismo como esclavo para pagar deudas. En el segundo caso, el interesado firmaba una especie de "contrato" por el cual pasaba a ser esclavo de su acreedor durante una serie de años. Pasado ese tiempo, la deuda quedaba anulada y el deudor  volvía a ser libre. A los esclavos se les distinguía por una especie de coleta (Aputtum) que llevaban en los cabellos. Cuando un esclavo conseguía la libertad, su acta de liberación era leía por parte de un pregonero ante testigos, y acto seguido un barbero le cortaba esa coleta. 

Un aspecto curioso es el del trato que se le daba a los esclavos. Sabemos, por ejemplo, que no comían mal, pues se han encontrado tablillas donde se especificaban sus raciones de comida. Eso sí, la alimentación era monótona (cebada y cebollas). Tampoco parece que se los maltratara mucho.  Se ha conservado un dicho popular que dice: "Si no maltratas a tu burro, ¿por qué maltratas a tu esclavo?". Hay que tener en cuenta que los sumerios eran gente práctica y consideraban a un esclavo como un bien fungible. o sea, que si se le maltrataba, perdía valor.  En el caso de los esclavos por deudas, los malos tratos estaban terminantemente prohibidos por la ley.  Como máximo, si el esclavo daba problemas, se le podía aumentar su tiempo de esclavitud, pero debía decidirlo un juez, pues se consideraba como una penalización contractual.  Sólo se daban malos tratos, y bastante crueles, en el caso de que un esclavo intentara escapar.  Entonces, tras ser capturado, se acostumbraba a arrancarle los ojos, y una vez cegado, se le ponía a trasladar agua desde los pozos hasta los canales de riego (por alguna razón que no conocemos, este trabajo estaba reservado a ciegos, fueran libres o esclavos).

Prisioneros de guerra, atados con cuerdas al cuello.
Les espera la ejecución o la esclavitud.
También debemos hablar de otro de los aspectos que más llama la atención en la esclavitud sumeria, y es que, curiosamente, los sumerios daban bastantes oportunidades para que el esclavo de turno recuperara la libertad. Consideraban que los ciudadanos libres producían más y mejor que un esclavo, que no dejaba de trabajar a regañadientes. Por ello, se permitía que un esclavo comprara su libertad pagando a su dueño la misma cantidad que hubiese costado originariamente.  Para conseguirlo, el esclavo podía recurrir a los bancos de la época, que eran los templos. La plata se le prestaba a un interés bajo (no se ha encontrado hasta el día de hoy ningún contrato de préstamo de un templo que superara el 3% de interés), con lo que una vez libre, el nuev@ ciudadan@, podía devolver fácilmente lo prestado.  También se podía recurrir a un prestamista, pero en ese caso los intereses llegaban  al 20%.

Finalmente, un esclavo podía casarse con una mujer libre (o un hombre libre con una esclava). Estaba totalmente permitido. El esclavo seguía siendo esclavo, eso sí, pero se le permitía vivir con la media naranja, y sus hijos eran libres.  En la III Dinastía de Ur se establece que esa pareja debía entregar en concepto de indemnización el primer retoño al dueño, aunque se piensa que se podía sustituir por un pago en especie.   En todo caso, tanto si un esclavo alcanzaba la libertad, como si se casaba con alguien libre, ya no podía abandonar la ciudad. En algunos casos, como el de los templos, debía seguir trabajando para el templo dentro de la misma ciudad, pudiendo salir del recinto sagrado, pero no de los límites de las murallas. Era la única restricción que se le imponía al nuev@ ciudadan@.  Seguramente por ello era por lo que los templos ofrecían intereses tan bajos para la manumisión, pues de esa forma cambiaban a esclavos enfadados por nuevos ciudadanos dispuestos a trabajar y a crear familias que, a su vez, harían prosperar al templo. Como dije, los sumerios eran gente muy práctica.

2 comentarios:

  1. Muy interesante el post. La verdad es que las nuevas hipotecas son una versión mejorada de este tipo de esclavitud... parece que eres libre, pero estas trabajando para el banco y encima eres tú el que solicitas la plaza de esclavo... jejeje

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    1. No les des ideas, no vayan a pedirte el primer hijo como garantía de pago.

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