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lunes, 24 de febrero de 2014

LOS MÓVILES TAMBIÉN SE RESFRÍAN

Si hiciéramos una pequeña encuesta a nuestro alrededor, preguntando a nuestras/os amigos/as acerca de si existen virus informáticos para teléfonos móviles... lo más seguro es que mayoritariamente nos dijeran que no.  La idea más general entre la gente es que los virus informáticos son cosa de ordenadores, y no hay nada más lejos de la realidad.

Hace unos años, el director de relaciones públicas de una marca muy popular de móviles en España, aseguró en una entrevista que la idea de que se diseñaran virus para teléfonos era de ciencia ficción.  Sin embargo, a día de hoy, la mayor parte del malware que se diseña en el mundo, está dirigido a sistemas operativos móviles.  No debemos olvidarnos de  dos cosas: que un móvil hoy día lleva un sistema operativo (iOS u Android) que lo equipara en parte a un equipo informático en miniatura, y que la popularidad de su uso lo convierte en un objetivo muy jugoso para los malware-makers.

Las aplicaciones malware para móvil suelen ser de dos tipos:

  • Gusanos: es, posiblemente, el tipo de malware más antiguo que existe, pues los primeros virus de los años 60 tenían esas características.  Se transmiten vía SMS o MMS, y no necesitan que el usuario ejecute nada, son autónomos.  En cuanto llegan al aparato, leen la lista de contactos y se esparcen a toda velocidad, no sólo copando el sistema operativo del teléfono, sino también utilizando las opciones de mensajería para intentar infectar a los contactos. En este caso último los conocemos como "Conejos" o "Pestes".  Lo único bueno de ellos, es que son tan sofisticados que necesitan que el diseñador sea experto en programación de APP. 
  • Troyanos:  se presentan como aplicaciones ejecutables, por lo que se requiere que sea el propio usuario el que ejecute el programa. Si se disfraza como alguna aplicación popular o famosa se conocen como "Camaleones". Una vez que el usuario inicia el programa, pueden dejar fuera de servicio el móvil desinstalando aplicaciones o corrompiéndolas, e incluso borrando posibles programas de seguridad (en cuyo caso los llamamos "Killers"). Sin embargo, lo más normal es que no corrompan ni rompan nada, pues suelen  preferir el robo de datos personales (cuentas de correo y claves, e incluso diálogos de whatsapp o mensajes) enviándolos a alguna cuenta de correo remota.
  • Otro punto que se suele utilizar para infectar los móviles son las tarjetas SD, ya que hoy día son muy populares para aumentar la memoria de almacenaje del aparato.  Lo habitual es que en ellas no aparezca el bicho como tal, sino el programa que inicia la secuencia de infecciones (conocido como "Dropper" o "Comadrona").

¿Cuál es el objetivo de un malware-maker? El inicial hay que buscarlo en el ego del individuo, o sea, ver en las noticias que un diseño propio se ha convertido en famoso (aunque sea "tristemente" famoso). Otro más habitual es el del espionaje. Cada vez es más común el uso de móviles para pagar facturas o para consultar con el banco, vía internet, y los troyanos, como hemos dicho, se ocupan de robar claves de acceso e, incluso, identidades enteras.  Hoy día se puede, además, clonar un móvil con falsos iconos y aplicaciones, haciéndole creer al usuario que está utilizando su propio sistema operativo, cuando en realidad, está utilizando un sistema remoto en un servidor controlado, con lo que todos sus movimientos quedan registrados en dicho servidor, información confidencial incluída.   Finalmente, hay también motivos más claramente delictivos, como el de convertir el móvil en un "Zombie", esto es, un equipo al servicio de una red, por ejemplo, para blanquear dinero, o también, y éste es un uso más reciente, el uso del equipo para realizar "minería de bitcoins" (de ello hablaremos en otro capítulo, pues cada vez es más popular). 

¿Cómo puedo evitarme algún disgusto? Pues siguiendo unos simples consejos:

  • Utiliza tu sexto sentido. Una aplicación para jugar al Bubble no te tiene que solicitar acceso al GPS, ni tu banco te va a pedir jamás el modelo de teléfono y la marca. 
  • Actualiza el sistema operativo de vez en cuando, pues eso ayuda a tapar agujeros de seguridad. 
  • Desconecta el Bluetooth cuando no lo uses. Y, además, la de batería que te ahorras, oye.
  • No abrir nunca SMS ni MMS de procedencia desconocida. Borrado inmediato y sin compasión. 
  • No descargar aplicaciones que no sean de total confianza.  El hecho de que estén alojadas en puntos de descarga populares, como Google Play, no significa nada. 
  • Si estás todo el santo día navegando con el móvil o la tablet, te conviene aumentar la seguridad con un antivirus. Las marcas más populares  ya tienen versiones especialmente diseñadas para móvil. Procura descargarlas desde la página oficial, Más que nada, porque a veces en algunas web de programas gratuitos, con el pretexto de proporcionarte  el programa, te añaden algún bicho propio (lo más común es añadir "Hijackers", o sea, bichos que desvían la página inicial del navegador a una página de publicidad y/o controlada).
  • Haz copias de seguridad de tus datos personales (registro de llamadas, contactos, etc...). 

Y por último... Si vas a deshacerte del móvil, BÓRRALO ANTES. ¡La de churris en traje de Eva (y de Adán) que aparecen últimamente en las cajas de reciclado de las tiendas!


domingo, 16 de febrero de 2014

OSCURIDAD, de Amelia Noguera

Hoy traigo de nuevo una novela para comentar.  Y como las que ya he comentado anteriormente, creo que merece mucho la pena.

SINOPSIS:  Mes de Gamelión, siglos después de la Edad Oscura en el mundo resurgido tras la catástrofe. La joven Maya, de la casta de los guerreros, observa junto a sus amigos la partida de la nave de Orfeo hacia Europa, la isla de la abundancia, de la libertad. En ella viajan aquellos a los que el oráculo ha confirmado para hacer el Gran Viaje. Sin embargo muchos temen que esa esperanza que algunos vislumbran en la otra isla no sea más que un gran engaño para librarse de los inconformes, los indignados y los críticos. ¿Por qué nadie ha vuelto para contarlo? Por eso, quizá, el geleonte Hefesto, obligado en la Inspección del Ánimo y la Salud a embarcar, ha envenenado a su mujer y a su hija y se ha suicidado. 

Pero no siempre todo es lo que parece; eso lo descubrirán pronto Maya y sus amigos, porque la amistad y el amor incondicional a veces es lo único que nos queda a los humanos en un mundo en el que todo está invadido por la oscuridad. 

La verdad está al otro lado del mar. 

Debo señalar desde el principio que Oscuridad presenta  una parte mala y una buena.  ¿Cuál queréis primero? Vale, empezaré por la mala:  lo siento, Amelia, pero esta novela no ganará ningún premio de la Asociación de Editores de EE.UU, así que no podrás conocer a George Clooney.  Es una distopía, sí. Pero no has tomado la idea de ningún manga japonés, ni has seguido las directrices de ningún autor consagrado. Y, por si fuera poco, tus protagonistas no son superguaposdelamuerte, ni repites todo el rato lo frustrante que es ser adolescente y bobo.

La parte buena... que esta novela, seguramente Jorge Luis Borges la habría prologado con muchísimo gusto. El mismo Jorge Luis Borges que cometió la osadía innombrable de decir públicamente que Ray Bradbury era un gran autor.  Y esta obra le habría encantado.   Porque hace pensar. Porque hace que te reflejes en los personajes. Porque hace que descubras cosas de ti mismo. Y porque, incluso, consigue que veas cosas de ti y del mundo que odias.

Amelia Noguera ha creado  una obra muy canalla.   Su distópico futuro es un espejo del nuestro. Es el reflejo del reflejo, como diría Michael Ende, y es imposible no sentirse identificados con la codicia, la ambición, y toda una serie de compulsiones sociales que,  inevitablemente, nos llevan al desastre.  La ruina de la sociedad no surge de una guerra nuclear o de un arma biológica, sino de nuestro interior y de nuestros demonios. Ese mundo es el nuestro, y hay suficientes elementos sociales, religiosos y políticos en la trama, como para que nosotros nos convirtamos en los protagonistas del gran viaje.  Para bien, o para mal. 

Pero lo que más me gusta de esta obra es que la autora pasa olímpicamente de los cánones. Sus protagonistas juveniles  no adornarán fondos de escritorio en iPhones, pero sí adornarán recuerdos. Esos mismos personajes no son planos, no son personajes de serie barata de televisión trasladados al papel, como ahora parece estar de moda en la literatura de EE.UU.  Son individuos que puedes amar u odiar, e incluso, y eso es lo más perturbador, puedes odiar y comprender. Y en esto último está la mayor de las trampas de la autora, pues sus personajes se mueven motivados por el amor y la amistad, que son los mejores justificantes.   Por ello no esperéis  que en vuestra imaginación se desarrolle una película palomitera. Vosotros tendréis que poner los decorados, pues la autora no os lo va a poner fácil. Junto con la sangre habrá sentimientos, realidad, pasión y pensamientos. Si no os consideráis capaces de digerirlo, no la leáis. Pero si queréis apasionaros por una historia, no la dejareis escapar.

En un momento en el que Hollywood se dedica a perpetrar los mitos griegos con versiones comiquero-palomiteras del Olimpo... Amelia  Noguera redescubre un futuro distópico a base de un pasado fascinante. ¿Quién dijo que Grecia estaba acabada?  Yo no. Amelia tampoco. Borges, seguro que menos. Vosotros... animaos a descubrirlo. Merece la pena.



miércoles, 12 de febrero de 2014

MATANDO, QUE ES GERUNDIO (2ª Parte)

El otro día vimos un pequeño catálogo de objetos que los sumerios utilizaban para hacer alusiones personales al prójimo, así como algunas de las tácticas utilizadas para ello. Sin embargo, nos quedaron algunas cuestiones pendientes.
Así se piensa que era un barco de cañas sumerio.
Cualquier parecido con los egipcios, es
mera coincidencia.
Por ejemplo: ¿poseían una flota de guerra, dado que toda su cultura se basaba en dos ríos? Pues este asunto en concreto es muy peliagudo. No hay ninguna duda de que debieron tener algún tipo de flota o, por lo menos, de barcos de guerra, pues evidentemente, no sólo vivían entre dos grandes cursos fluviales sino que, además, el territorio estaba surcado por cientos de kilómetros de canales. Cualquier campaña militar tuvo que tener en cuenta este detalle, no sólo desde el punto de vista del transporte rápido o la ocupación de las infraestructuras del enemigo, sino también de la logística y la intendencia.
El problema es que, antes de la época asiria, sólo ha llegado hasta nuestros días una representación gráfica de una barca (de piel, por cierto). Y en cuanto a las embarcaciones más grandes, sólo poseemos un par de referencias. En una de ellas se describe lo que parece ser un barco de madera con una capacidad de transporte para unos 30 hombres, con una especie de cabeza de animal en la proa, que se usaría para colocar una luz durante la noche, pero no hay imágenes de la misma. También tenemos referencias, en algún documento encontrado en las ruinas de la biblioteca de Ebla, de que en alguna ciudad de la zona de Mari existían astilleros donde se construían barcos de cañas (parecidos a los egipcios), así como de que existían astilleros en Eridu, junto al mar.

La ciudad de Mari.  Con semejantes murallas,
y sin artillería... más les valía estrujarse
el cerebro para conquistarla.
Otro asunto que rompe la cabeza a los sumeriólogos es si conocieron técnicas de sitio. Las ciudades sumerias poseían grandes murallas de adobes, y es evidente que desde muy temprano, los gobernantes sumerios debieron ponerse a la tarea de idear sistemas para superar esos obstáculos.  Por desgracia, solamente nos ha llegado una referencia sobre ello, más concretamente en el reinado del rey acadio Naram-Sin.  En uno de sus textos de autobombo, cuenta que en la conquista de Apishal (una ciudad perteneciente a Ebla, que por lo visto contaba con una triple muralla) utilizó “el arma de Dagán” para abrir un agujero en las defensas, por el que pudo entrar con sus soldados.  ¿Qué era el “arma de Dagán”? Misterio… Por si fuera poco, las ruinas de Apishal, a día de hoy, aún no han sido localizadas, y aunque hay varias posibles candidatas, la zona (Siria) no se presta a excavaciones.

Prisioneros camino del cautiverio. Estos, por lo
menos, han tenido "suerte".
Y ya para acabar, hablaremos un poco de una de las consecuencias de la guerra: los prisioneros.  Los sumerios no eran amigos de hacer prisioneros, básicamente porque luego hay que alimentarlos y vigilarlos. Solamente si tenían necesidad de mano de obra esclavizaban a los vencidos, lo que no era tan terrible como parece a primera vista (no solamente por el hecho de salvar la vida, sino por la situación de los esclavos en Sumeria, de lo que se hablará otro día).  Por regla general preferían asesinar a los que se habían rendido, siempre que no hubiera un acuerdo con el gobernante perdedor para salvar esas vidas. Los cuerpos eran apilados y quemados, pues los sumerios ya conocían los problemas de los cadáveres pudriéndose al sol. 

Las guerras entre sumerios no eran muy cruentas en general, y casi siempre se llegaban a acuerdos para evitar las matanzas, salvo que hubiera un gran odio entre ciudades (como el caso de Lagash y Umma, que no se soportaban). Los acadios introducen el concepto de masacre en la guerra. El rey Rimush sofocó una revuelta sumeria construyendo el primer campo de concentración del que tenemos noticia, y en el que por lo visto pudieron morir hasta 50.000 personas por hambre y torturas (la población de una gran ciudad de la zona en aquella época). También se jacta en uno de sus textos de propaganda de haber asesinado a 30.000 prisioneros en un solo día.  Un angelito, vamos.


Y es que, si alguien pensaba que eso de los tipos con bigote a los Charlot haciendo fogatas, era un invento moderno... se equivocó.

domingo, 2 de febrero de 2014

MATANDO, QUE ES GERUNDIO (1ª Parte)

Como en cualquier otra cultura, los sumerios practicaban el viejo arte de jorobar al prójimo para robarle las mujeres, los ganados y hasta las ganas de vivir.  Sin embargo, ¿qué sabemos  acerca de cómo eran los ejércitos sumerios?  Pues vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador:

A falta de cine bélico, los sumerios se conformaban
con esta versión particular de "Uno rojo, división de choque"
En su origen, los sumerios no disponían de milicias profesionales, sino ciudadanas. Cuando se organizaba una guerra, el gobernador o el rey invitaban amablemente (es un decir, claro) al personal a alistarse, y así se formaban pequeños destacamentos ciudadanos que no debían superar los 1200 soldados.  La base de estos destacamentos era la falange: filas de infantes armados con lanzas de unos 3 metros de longitud y escudos de mimbre recubierto de cuero, avanzando ordenadamente.  Conocemos el armamento de este tipo de tropas gracias al "Estandarte de Ur", encontrado en las tumbas reales de Ur por Sir Leonard Wolley.  En esa obra artística se puede constatar que los infantes llevaban capacetes de cuero para proteger la cabeza (los jefazos lo llevaban de bronce, claro) y se cubrían con lo que en las tablillas sumerias se definen como "mantos de metal", que no eran sino capas de cuero recubiertas con placas de bronce.  Como arma principal se usaba la lanza.

Reconstrucción de un carro de combate de la época,
según Osprey Military.  A partir de la época
acadia vestían de forma menos "ovejuna". 
También se comprueba en el estantarte que las falanges eran auxiliadas por carros de guerra. Los carros sumerios eran de cuatro ruedas, tirados por onagros (el caballo aún no había sido domesticado) y seguramente muy lentos y difíciles de maniobrar. De ello se deduce que seguramente sólo se utilizaban para que el jerifalte de turno fuera a la guerra en taxi, que para todo hay clases, y para que tras la batalla, pequeños destacamentos de carros hostigaran al enemigo en fuga.

Existían otras armas, como el Siparru, del que hablé hace unos meses, pero seguramente era portado sólo por los oficiales y jefes, los cuales en ocasiones también llevaban mazas de guerra. Hay que tener en cuenta que el bronce no era tan fácil de conseguir en grandes cantidades. Una de las razones, precisamente, de que el Imperio Acadio sojuzgara a Elam (actual frontera montañosa iraní con Iraq) fue por las minas de cobre y estaño.  También se utilizaban arcos, que no eran muy potentes por estar construidos con madera de palma datilera.  Los arqueros no iban protegidos con mantos de metal y sólo llevaban, aparte del arco, una daga. 

Sargón de Akhad.  Más feo
que Napoleón, pero con la misma
mala uva.
Durante el Imperio Acadio su fundador, Sargón, reforma el ejército creando destacamentos de soldados profesionales. Por un lado esto le permitía controlar las ciudades con guarniciones reales, y por otro, podía recurrir a soldados expertos para sus conquistas. Eso sí, la cosa le salía cara, pues los alimentaba del presupuesto de la casa real.  Parece ser que llegó a tener un ejército de casi 30.000 soldados, que en el reinado de su nieto Naram-Sin se elevó a más de 50.000. En caso de emergencia, ese ejército se podía aumentar con las consabidas levas ciudadanas.

El ejército acadio es la primera "máquina de guerra" propiamente dicha en esa zona del mundo.  No sólo por contar con expertos en el arte de caducar al prójimo, sino porque las tácticas cambian.  La falange pasa a ser apoyada por los arqueros acadios, que portan arcos compuestos, mucho más potentes que los arcos sumerios. Un arco sumerio podía desarrollar una media de 25 libras de potencia, mientras que el compuesto acadio desarrollaba hasta 50 libras.  Un arco recurvado actual de competición, utiliza de media unas 40-45 libras. Gracias a esto, los arqueros acadios podían atravesar los famosos mantos de metal.  Los carros comienzan a ser utilizados en el apoyo cercano al ataque, portando lanceros y arqueros, seguramente para ataques de flanco. 

Naram-Sin poniéndose chulo con los montañeses Lullubis.
Más o menos, como Westmoreland con los vietnamitas.
Finalmente, se usan más a menudo armas ofensivas como los siparrus, las mazas de guerra y, ocasionalmente, las hachas. Por una parte porque el Imperio Acadio disponía de gran cantidad de bronce elamita, y por otra por culpa de la guerra en las montañas. Los montañeses Lullubis, tal como se ve en la Estela de Naram-Sin, usaban como arma principal el hacha, que manejaban con una habilidad asesina, pudiendo arrojarlas a distancia contra la frente del interfecto de turno, o inutilizando su escudo.  Además de ello, entre las levas ciudadanas se requiere la ayuda de tropas especializadas, como los honderos.

Sin embargo, nos quedan un par de preguntas pendientes:  ¿Disponían los sumeroacadios de barcos de guerra, dado que vivían entre dos ríos y gran cantidad de canales? ¿Cómo destruían las murallas del enemigo?  De todo ello, y de los sangrientos resultados de esas contiendas, hablaremos en la segunda parte.