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miércoles, 19 de marzo de 2014

EL PARCHÍS DE GILGAMESH

Si hay algo por lo que los seres humanos nos caracterizamos, es que como buenos primates, somos muy aficionados al ocio y a las actividades lúdicas.

Los sumerios jugaban y se divertían. Sabemos, por representaciones artísticas, que ya existían juegos infantiles como el del escondite, y que practicaban actividades deportivas que iban desde la carrera y los saltos hasta la lucha o el tiro con arco.  Eran como cualquier otro pueblo con ganas de divertirse y pasarlo bien.

Juguete encontrado en Eshnunna.
También tenían juguetes, que solían ser de madera o cerámica. En las excavaciones de la ciudad de Eshnunna se descubrieron unas curiosas figuras de animales. En un principio, los arqueólogos las catalogaron como "objetos de culto", que en el mundo de la arqueología, viene a ser una especie de sinónimo de "no tengo ni idea de la función de este objeto".  Por si fuera poco, se encontraron en el recinto de un templo. Con el tiempo, los estudiosos se dieron cuenta de que casi todas esas figuras presentaban una especie de argolla, por la que seguramente se hacía pasar una cuerda.  Hoy día se piensa que eran simples juguetes para niños. Animales de varios tipos (vacas, ovejas, leones...) con una argolla a la  que se ataba una cuerda para que el niño pudiera arrastrar el juguete por el suelo. ¿Por qué estaban en un templo? Es de suponer que, o bien eran exvotos presentados por las madres ante una enfermedad o curación del/a niño/a, o bien que tal vez esa zona fuera la guardería del templo. Pues los grandes templos sumerios  disfrutaban de un servicio de guardería para los retoños del clero.

Juego Real de Ur
Pero entre todos los juegos sumerios, el más famoso que ha llegado a nuestro conocimiento es el Juego Real de Ur. Fue encontrado en las excavaciones que Sir Leonard Wooley hizo en la ciudad de Ur, y más tarde han aparecido tableros más "modernos", algunos de hasta el siglo VII AC. Se piensa que podría ser el juego más antiguo encontrado hasta ahora.  Las reglas no se conocen con exactitud, y solamente podemos deducirlas por pequeñas evidencias extraídas de las excavaciones y de la decoración de los tableros.  Se jugaba con varias fichas y dados en forma de pirámide, como algunos modernos de los actuales juegos de rol.  Es un juego de carreras, que sigue una filosofía parecida al popular parchís.

En estas dos direcciones tenéis una explicación acerca de las posibles reglas de juego, así como la posibilidad de echar una partidita online (una de ellas, patrocinada por el British Musseum):



¡Ánimo y buena suerte!

lunes, 17 de marzo de 2014

EL DÍA QUE CAPITÁN CRUNCH HIZO TEMBLAR A LA BELL TELEPHONE

Hoy va de batallitas.  Para contar esta historia tenemos que remontarnos a los años 60, en los inicios de la historia del hacking

JoyBubbles, el Phreaker
que asustó a la Bell Telephone
En aquellos tiempos, la propia empresa Bell Telephone había publicado  algunos artículos donde hablaba de los procesos de enrutamiento que utilizaban sus líneas telefónicas.  Incluso, llegó a confesar las frecuencias de sonido que usaban las teclas de los teléfonos para marcar los números.  Esto, que hoy día nos puede resultar baladí, en aquellos tiempos era fundamental, pues las operadoras de la compañía podían realizar llamadas gratuitas, simplemente marcando un código determinado (secreto, claro).

Y es en estos instantes cuando entra en escena uno de los primeros háckers de la historia, Josef Carl Engressia Jr., alias Joybubbles.  El protagonista de nuestra anécdota había nacido ciego y con un cociente intelectual estimado en 172.  A los 9 años de edad, en una caja de cereales Captain Crunch, obtuvo un silbato de juguete. Todo habría quedado en una mera anécdota, pero resultó que Josef se encariñó con el silbato, y dado que poseía también un gran oído musical, era capaz de sacar del mismo toda una gama de sonidos. Con los años adquirió una simpática costumbre, y es que cada vez que telefoneaba a su abuela, a modo de saludo, tocaba con el silbato una serie de notas.  Con el paso de los meses descubrió con asombro que todas las llamadas que dirigía  a su abuela le salían gratis.  Sólo tuvo que sumar dos y dos para darse cuenta de que aquellos sonidos, esa clave cariñosa que tenía acordada con su abuela, por un azar del destino, coincidía con los tonos de la secuencia que las operadoras usaban para llamar gratuitamente. 

Modelo primitivo de una típica
BlueBox de aquellos tiempos. El extremo se
colocaba en el micrófono del teléfono,
se marcaba y... ¡milagro!
La anécdota se hizo pública, y otros háckers como Joe Drapper (Captain Crunch), Bill from NY o Bel Decibel, desarrollaron lo que se conoció como BlueBox, que era un aparatito con el que todas las llamadas te salían gratis, pues generaba electrónicamente los pulsos adecuados.  Con el tiempo aparecieron otro tipo de cajas mágicas a las que se adjudicaron otros colores (OrangeBox, GreenBox, SilverBox...) y que servían para otras labores, como por ejemplo, enmascarar el teléfono del remitente o hacer que el destinatario pagara la llamada. Uno de los locos de la BlueBox fue el famoso Steve Wozniak, fundador de Apple Computer, el cual, en cierta ocasión, telefoneó al Vaticano haciéndose pasar por Henry Kissinger. Su intención era hablar con Pablo VI, pero no sabía que el Papa nunca se pone al teléfono, por cuestiones de protocolo, y que hasta los jefes de estado tienen que pedir al secretario papal una cita telefónica.

En todo caso, no os ilusionéis demasiado con la existencia de las cajas de colores. El advenimiento de los teléfonos digitales acabó con ellas.  Para llamar gratis los Phreakers (háckers telefónicos) usan otros sistemas. Pero de eso... hablaremos otro día.

sábado, 8 de marzo de 2014

LA PRIMERA “FIESTA DE LA MUJER TRABAJADORA”

Por regla general solemos dar por supuesto que el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, o Día Internacional de la Mujer,  es un invento del siglo XX, con una primera convocatoria en el año 1911.   Sin embargo, observando la historia antigua podemos encontrarnos con la sorpresa de que  el pasado siglo no fue el de la invención de los derechos de la mujer sino, en ocasiones, de la recuperación de los mismos. Y es que, como decía María Antonieta: "No hay nada nuevo bajo el sol, sino lo que se ha olvidado".


Tal como las imaginé: (de izquierda a derecha)
Ittibel, Sheru y Enheduanna.
En la antigua Sumeria las mujeres tenían una serie de derechos que no recuperarían hasta siglos más tarde.  Por ejemplo, se les dejaba estudiar (si podían pagarse las clases, claro) y, sobre todo, podían vivir de su trabajo, ya que no sólo se les permitía ejercer oficios de todo tipo, sino que lo que ganaban era de su propiedad. Conocemos numerosos casos de mujeres trabajadoras y muchas tablillas con contratos comerciales aparecen con firmas femeninas.  Las reinas y princesas  de las primeras dinastías disponían de sus propias oficinas personales, con sus escribas particulares, al margen de sus maridos (los escribas constan como “servidores” de ellas, y no de ellos, como el caso de Kitudu, el jefe de escribas de Enheduanna). Desde esas oficinas dirigían negocios en los que su esposo no metía baza, salvo para beneficiarse por estar casados con ellas.  Así, por ejemplo, sabemos que una hermana de la reina Puabi, comerciaba con trigo mientras su marido comerciaba con oro. Algunas de estas mujeres hicieron rico al cónyuge, como el caso de las reinas Tashlultum, esposa de Sargón de Akhad (primer monarca acadio) y Tutasharlibish, esposa de Sharkalisharri (quinto monarca acadio), que comerciaban con grano y piedra de construcción, respectivamente.

Alrededores del puerto de Ur (III Dinastía de Ur - se ve el zigurat
al fondo-) Muchas mujeres lo frecuentaban: taberneras,
prostitutas, pescaderas...
Fuera del marco de la realeza nos topamos con  casos como el de Ashag, esposa de un alto sacerdote del Templo de Ur, que se enriqueció vendiendo trigo; o el de Ninkhula, esposa de un gobernador de Umma en la III Dinastía de Ur, que comerciaba con pieles, grano, oro y perfume.  Incluso, descubrimos curiosos casos de “multinacionales” de la época, como la que compartían  la anteriormente nombrada Ninkhula y la consorte real Nimkalla, que tenía delegaciones comerciales en toda la ruta comercial desde la frontera sur en Lagash hasta la norte en Mari (lo que hoy sería el territorio entre la frontera de Iraq-Irán, junto al Golfo Pérsico, y la zona limítrofe entre Siria y el sur de Turquía).

Entre la gente humilde, las mujeres realizaban toda clase de actividades comerciales y practicaban oficios que durante siglos se considerarían “masculinos”, como la carpintería o el tallado de estatuas.  Curiosamente, en la cultura sumeria determinadas labores se  consideraban muy “femeninas”, aunque los hombres no estuvieran excluidos de las mismas, como la de herborista (los farmacéuticos de la época), la de perfumista, o la de masajista. Debe advertirse que los masajistas de esos tiempos estaban muy cercanos a la medicina, por el uso que hacían de aceites esenciales. Y en este campo de la salud podemos destacar en la III Dinastía de Ur a Kubatum, Zamena y Ummeda, todas ellas  doctoras. La primera sería el primer autor conocido de un tratado médico, que se utilizó como libro de texto hasta la época neobabilónica, y la segunda hay sospechas de que podría ser el primer "médico pediatra" conocido (hablaremos de ellas otro día). 

Campesina sumeria. Aunque lleve los ojos
así, no es una reptiliana, como piensan
algunos racistas.
También era algo muy popular que las mujeres de clase baja poseyeran tabernas, a veces dando salida al vino que ellas mismas producían en tierras pertenecientes a su dote matrimonial. No nos podemos olvidar, entre carpinteras, tallistas, carniceras, artesanas, panaderas,  o cerveceras de las prostitutas, que en Sumeria tenían un prestigio social elevado, considerándose un oficio más. Y tampoco de las mujeres que se dedicaban a la música como intérpretes de instrumentos, bailarinas, cantantes e, incluso, compositoras.  En una tablilla encontrada en los antiguos archivos reales de Larsa, se especifican 200 mujeres registradas como músicas y compositoras. Y debían vivir de forma acomodada, pues en una época sin televisión, la música  estaba muy bien pagada.

A modo de resumen, se puede señalar que conocemos dos tablillas donde se indica la existencia de 13.000 mujeres trabajadoras en la ciudad de Ur durante la II Dinastía de Ur, y de 7.000 mujeres trabajadoras en la ciudad de Lagash en la III Dinastía de Ur.

Y es en este marco de trabajo femenino, en el que encontramos un primer caso de celebración en honor de las mujeres trabajadoras. Al fallecer Gemen-Ninlila, que era consorte del rey Shulgi, segundo rey de la III Dinastía de Ur, éste decreta, en honor de la fallecida, siete  días de descanso laboral para las mujeres trabajadoras del reino. Tras la muerte de otra consorte, Eanisha, vuelve a decretar otros siete  días de asueto. Ambas consortes habían sido empresarias de éxito (y le habían reportado una buena cantidad de beneficios).


Así pues, cuando celebréis el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ya sabéis  en honor de quién hay que brindar con unas cervecitas.