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domingo, 17 de agosto de 2014

LAS CHICAS SON GUERRERAS (II)

Y siguiendo con la serie de artículos que, de vez en cuando, voy a dedicar a las hack-girls, hoy nos topamos con una guerrera por partida doble: la contraalmirante Grace Murray Hooper, alias Amazing Grace

Así eran los mamotretos de entonces.
Ahora esa capacidad de cálculo la tienes
en una tablet.







Lo de estar en la Marina de EE.UU le venía de familia, pues era bisnieta de un almirante, pero lo de los ordenadores, no. Sin embargo, desde niña ya dio mucho de que hablar.  Su padre la apoyaba en sus gustos por la ingeniería y las matemáticas, sin escandalizarse como era habitual en la época, y tampoco la envió a un asilo cuando la muchacha desarmó todos los relojes de la casa para ver cómo eran por dentro.

En aquellos tiempos, las señoritas de bien estudiaban en escuelas privadas para mujeres, donde impartían enseñanzas que se consideraban "femeninas". Ella estudió en varias de ellas, pero con el tiempo acabó, gracias a sus estudios en matemáticas y físicas, en la Universidad de Yale.

Y es al acabar la universidad cuando comienza "la magia". Primero, durante la Segunda Guerra Mundial, ingresa en la Marina de EE.UU, saliendo la primera de su promoción femenina, y luego se pone a colaborar con el equipo que desarrolló el primer ordenador de la historia: el Mark I (poco original el nombre, por cierto). 

La señora almirante-hacker.
¡Para que digan que no son
guerreras!
A los 38 años de edad la obligan a retirarse de la Marina, pero ella siguió en Harvard investigando. Con el tiempo colaboró en el desarrollo de otras glorias de la computación, como el BINAC y el UNIVAC I. Y es en 1952 cuando inventa el primer compilador de la historia, el A-0.   Para que un ordenador funcione hay que suministrale una serie de órdenes, en alguno de los lenguajes de programación que existen. Pero el equipo no entiende esas órdenes, pues no es humano, y la máquina tiene su lenguaje especial. Para que las entienda se necesita un compilador. El compilador convierte el listado de órdenes que hemos escrito, en los ficheros que manejan los ordenadores. Cinco años después desarrolló otro compilador, el B-0, que servía para manejar datos de una empresa de seguros. Se puede decir, por tanto, que nuestra amiga no solo inventó el primer compilador de la historia, sino también el primer gestor de base de datos.

Pero la cima de su trabajo llegó cuando se decide inventar un lenguaje de programación que se acercara al inglés.  Dicho lenguaje se llamó COBOL, y acabó convertido en una leyenda. O sea, que para cualquiera que supiese hablar ese idioma, le resultara fácil aprenderlo y utilizarlo.  Ella no fue la creadora como tal, pero estuvo en el comité de diseño, y sus antiguos compañeros reconocieron que, tuvo tal influencia en el desarrollo, que algunos la han llegado a considerar su inventora. También participó años después en la estandarización de otros lenguajes de programación famosos, como el FORTRAN (¡Ay, qué recuerdos me vienen con ese simpático Fortran-88, que ya, por fin, podía hacer gráficos! ¡Sniff...!)

Como vemos, toda una vida plena que se vio reforzada cuando la Armada de EE.UU le pidió el reingreso para que estandarizara lenguajes de programación de uso en la misma. Se retiró con el grado de contraalmirante y está enterrada en el cementerio militar de Arlintong.