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domingo, 9 de noviembre de 2014

EL DIOS DE LA GUARDA SUMERIO

En la cultura cristiana, existe la figura del "ángel de la guarda", que viene  a ser como un ángel personal que ayuda y protege. En la cultura sumeria, si una persona deseaba solicitar algo a los dioses, tenía varios conductos para hacerlo.

Pedigüeño sumerio.
Por pedir, que no quede.
Una persona rica, podía ganar el favor de los dioses, simplemente haciendo un sacrificio. La costumbre era contarle al animal la petición al oído antes de degollarlo, con la idea de que se lo transmitiera a los dioses.  No sabemos si el animal, en venganza por el degollamiento, transmitía la petición de mala forma, y con mala fe.  En todo caso, si un sacrificio no bastaba, el rico de turno podía volver a sacrificar un animal, solo que esta vez, más caro y escogido.  Los más ostentosos eran los bueyes jóvenes de color blanco, alimentados con cerveza. Teniendo en cuenta que luego el animal era consumido por los sacerdotes, podríamos llegar a la conclusión de que el "Filete de Kobe" se inventó mucho antes de lo que se  cree.

También podía prometer un regalo, tal como se hace hoy día.  Era algo habitual que los pudientes compraran el vestuario de los dioses, así como su ajuar, que no solo consistía en vajillas, sino también en partes del cuerpo que se usaban para adornar las estatuas divinas, como penes, vulvas, pelucas, etc...  Por supuesto, era de buen gusto entregar un exvoto si la gracia te era concedida, y eran más valorados los  de metales preciosos. En casos extremos, incluso, se podía entregar a modo de exvoto una estatua de pequño tamaño del pedigüeño. Los gobernantes  acostumbraban a hacerlo, pues no solo quedaban a bien con los dioses, sino que fardaban lo suyo ante los pobres.

Típica tumba mesopotámica con sus
jarros de ofrendas.
Una persona con pocos recursos económicos podía recurrir a sus antepasados muertos.  Como ya he contado en alguna ocasión, los sumerios pensaban que, al morir, los humanos iban al "mundo del otro lado" (infierno) que era un lugar sin premios ni castigos. Solo gris, insípido, sin color, aburrido...  Por ello, a los difuntos se les proporcionaba comida y bebida, que se depositaba sobre las tumbas.  Si te habías portado bien con tus ancestros y les habías llevado de vez en cuando alguna chuleta, ellos podrían estar dispuestos a "dar la murga" al dios de turno para que te hiciera caso.

Pero este método tenía un problema obvio. Y es que quien había sido un mindundi en vida, también lo era tras la muerte, por lo que es poco creíble, que un dios se sintiera impresionado por un don nadie muerto dándole la brasa.  Por ello, a todo sumerio le quedaba un sistema de emergencia: recurrir a su dios personal.  Se suele afirmar que la religión sumeria tenía más de 3600 dioses, pero no es exacto. Tenía miles y miles de dioses, pues cada ser humano disponía de uno para su uso y disfrute.  No se les suele contabilizar porque no tenían nombre.  Ese dios personal, como una especie de "ángel de la guarda" se encargaba de proteger y, sobre todo, de transmitir las peticiones a lo largo del escalafón divino, hasta quien correspondiera.

Como veréis, todo al estilo sumerio, ordenado y burocrático. ¡Qué menos!