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jueves, 22 de octubre de 2015

NAVEGANDO POR SUMERIA

Hay un detalle curioso cuando se observa el mundo de los dos ríos, y es que se da por supuesto que debía estar todo lleno de embarcaciones, pero sabemos poco sobre ellas.  Mesopotamia  estaba surcada por centenares de kilómetros de canales, de múltiples tamaños, que se cruzaban por todos lados. Los arqueólogos aún examinan fotos de satélite para localizar los cauces de los viejos cursos de agua y todos los meses  se descubre alguno nuevo.  Lo que no encontramos... son los barcos. Los sumerios apenas nos dejaron imágenes de sus embarcaciones y, si lo hicieron, no las hemos encontrado.   Las representaciones más completas aparecen ya en pleno Imperio Asirio. Sin embargo, escarbando entre los datos, podemos deducir cómo eran.  

Guffa iraquí

Sabemos, por ejemplo, que tenían embarcaciones de pequeño tamaño, tipo barquichuela.   Las más comunes aún se utilizan hoy día, y las conocemos como Guffas. Son redondas y fabricadas con cañas, reforzadas con cuerdas y alquitranadas.  Perfectas para navegar en un río que sufre crecidas estacionales. Curiosamente, la versión más antigua que se conserva del episodio del diluvio, en la Epopeya de Gilgamesh, dice que no fue tal diluvio, sino una crecida del río, y el arca de Utnapishtim (Noé) es descrita como una guffa redonda de gran tamaño.  Se han realizado pruebas y se ha comprobado que es pòsible construir una guffa capaz de albergar a los habitantes de un pequeño poblado con sus pertenencias y animales  (de ello hablaremos en otro post más a fondo).



Chalupa sumeria (modelo de
las Tumbas Reales de Ur)

El otro tipo de embarcación de pequeño tamaño sería como una chalupa, con los extremos elevados, y capaz de albergar a un par de pasajeros con tres o cuatro cántaros de mercancías.  Estaría construida en madera y alquitranada. En una tumba se encontró los restos de una, con tres cántaros en su interior.  Asimismo, en las excavaciones de las Tumbas Reales de Ur, Sir Leonard Woolley encontró un pequeño modelo de una de ellas, hecho en betún, que se exhibe en el British Museum.  ¿Cuál de los dos tipos de embarcación era más habitual? No tenemos forma de saberlo.  Al principio se pensaba que la guffa era más típica, por la falta de madera de la zona, pero hoy día sabemos que material no faltaba en ese tiempo, pues había grandes bosques de cedros, acacias y de palmas datileras. En ciudades donde se produjeran grandes crecidas tal vez las guffas fueran más populares, no solo por su dificultad para volcar, sino porque, una vez inundadas las calles de la población, sería fácil trasladarse con una de ellas, como si se tratara de una Venecia sumeria.


Barco ceremonial de cañas (Eridu)
En cuanto a las embarcaciones más grandes, las había de dos tipos: de cañas y de madera.  Las embarcaciones de cañas seguramente se parecían mucho a las que construían los egipcios, pues la fabricación con caña, debido a la longitud y estructura de las mismas, obliga a seguir una serie de reglas.  Sabemos gracias a documentos encontrados en la Biblioteca Real de Ebla que los mayores astilleros de embarcaciones de cañas estaban en la localidad de Abarsil, al norte, por encima de la famosa ciudad de Mari. Según esos documentos, en el centro del río Eufrates existía una gran isla de arena, en la que estaban los astilleros. Los barcos de cañas se utilizaban para llevar mercancías, para pescar y para ceremonias religiosas. 


Representación asiria de una embarcación
trasladando piedra de construcción.
Finalmente, las embarcaciones de madera son las que más quebraderos de cabeza nos han dado.  No se ha encontrado ninguna representación de ellas.  Solo se conservan pequeñas descripciones. Sabemos, por ejemplo, que los mayores astilleros estaban en la ciudad de Eridu, que era la única con puerto de mar.  Debían ser marineras, pues los sumerios tuvieron colonias comerciales en lo que hoy es Omán y Qatar.   La tradición cuenta que Sargón de Akhad llegó hasta Chipre, en el Mediterráneo.  Madera de cedro no faltaba en ese tiempo.  Las pocas descripciones cuentan que debían tener un palo mayor con una vela, no sabemos de qué tipo, y que si el buque era ceremonial se pintaba de colores vistosos. En la popa se levantaba un pequeño habitáculo donde se almacenaban las mercancías o los pasajeros.  El detalle más bonito es el de la proa.  Según esas descripciones, era elevada y tenía la forma de una cabeza de dragón, como los barcos vikingos, La finalidad de dicho adorno, aparte de la de alejar a malos espíritus, parece haber sido la de colocar una luz para poder navegar durante las horas nocturnas.